Miércoles, 29 de Julio de 2026
Pasar muchas horas sentado en un avión, un tren o un coche, ¿afecta realmente a la circulación?
Sí. Nuestro organismo está diseñado para que el movimiento ayude a la sangre a regresar desde las piernas hasta el corazón. Cada vez que caminamos, los músculos de la pantorrilla actúan como una especie de "corazón periférico": comprimen las venas e impulsan la sangre hacia arriba, mientras unas válvulas evitan que vuelva hacia abajo por efecto de la gravedad.
Cuando permanecemos muchas horas inmóviles, ese mecanismo deja de funcionar con normalidad. La sangre circula más despacio, tiende a acumularse en las piernas y aumenta la sensación de pesadez o hinchazón. En determinadas personas, además, esa situación puede favorecer la formación de un coágulo.
¿Por qué después de un viaje largo muchas personas notan las piernas pesadas o los tobillos hinchados? ¿Es algo normal?
Sí, es una situación bastante frecuente. Tras varias horas sentado, la sangre y parte del líquido se acumulan en las extremidades inferiores porque el retorno venoso es menos eficaz. El resultado es esa sensación de piernas cansadas, pesadas o hinchadas, especialmente en los tobillos y los pies.
Lo habitual es que estas molestias desaparezcan al levantarse, caminar y recuperar la actividad física. Sin embargo, las personas con varices, insuficiencia venosa o antecedentes de problemas circulatorios suelen notarlas con mayor intensidad.
Además, diversos estudios han demostrado que utilizar medias de compresión médica durante los viajes largos ayuda a reducir la hinchazón y disminuye el riesgo de trombosis venosa profunda.
Se habla mucho del llamado "síndrome de la clase turista". ¿Son frecuentes los trombos durante los viajes?
El nombre puede resultar alarmante, pero conviene ponerlo en contexto. Sabemos que los vuelos de más de cuatro horas aumentan aproximadamente tres veces el riesgo de sufrir una trombosis venosa profunda en comparación con no viajar. Sin embargo, el riesgo absoluto sigue siendo bajo y la inmensa mayoría de los pasajeros no tendrá ninguna complicación.
El problema puede aparecer sobre todo en personas que ya presentan factores de riesgo, como haber sufrido una trombosis previamente, padecer alteraciones de la coagulación, tener varices importantes o insuficiencia venosa crónica, haber pasado recientemente por una cirugía o un traumatismo, padecer cáncer, obesidad o tener una edad avanzada. La complicación más grave es que el coágulo pueda desplazarse hasta los pulmones y provocar una embolia pulmonar, aunque afortunadamente se trata de una situación poco frecuente.
¿Qué medidas han demostrado ser realmente eficaces para reducir ese riesgo durante un viaje largo?
La prevención es sencilla y muy eficaz. Siempre que sea posible, conviene levantarse y caminar unos minutos cada hora en los trayectos de más de cuatro horas. Si no podemos movernos, es recomendable hacer ejercicios con los tobillos y las piernas para activar los músculos de la pantorrilla. También es importante mantenerse bien hidratado y evitar permanecer completamente inmóvil durante todo el viaje. En las personas con mayor riesgo, las medias de compresión graduada han demostrado reducir tanto la hinchazón como el riesgo de trombosis.
Solo en pacientes de riesgo muy elevado —por ejemplo, quienes ya han sufrido una trombosis, presentan trombofilias o determinados tipos de cáncer— puede ser necesario administrar un tratamiento anticoagulante preventivo antes del viaje. Esa decisión debe individualizarse y ser siempre indicada por un médico. En cambio, la aspirina no ha demostrado ser eficaz para prevenir este tipo de trombosis y no está recomendada con ese objetivo.
¿Cuándo una molestia deja de ser normal y conviene consultar al médico?
La pesadez o la hinchazón leve suelen desaparecer en pocas horas. Pero hay síntomas que obligan a descartar una trombosis venosa. Hay que consultar si aparece una hinchazón importante en una sola pierna, dolor o tensión en la pantorrilla, enrojecimiento o aumento de temperatura de una zona concreta o una vena que se vuelve dura y dolorosa.
Y si después del viaje aparecen dificultad para respirar, dolor en el pecho que empeora al inspirar, tos con sangre o sensación intensa de falta de aire, hay que acudir de inmediato a un servicio de urgencias, ya que podrían ser síntomas de una embolia pulmonar.
¿Con qué mensaje se quedaría para quienes van a viajar este verano?
Viajar no debe ser motivo de preocupación, sino de disfrute. La mayoría de complicaciones vasxulares pueden prevenirse con unas pautas sencillas: levantarse y caminar siempre que sea posible, mover las piernas con frecuencia, mantenerse bien hidratado y utilizar medias de compresión cuando estén indicadas.
En aquellas personas con antecedentes de trombosis o factores de riesgo, una valoración previa por un especialista en Angiología y Cirugía Vascular permite adaptar las medidas preventivas a cada caso y viajar con tranquilidad y seguridad.
Dr. García-Madrid
Director del Institut Vascular García-Madrid
Centro Médico Teknon (Barcelona)